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miércoles, 9 de junio de 2021

1984 GEORGE ORWELL

"Era un día luminoso y frio de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las casas de la victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con el."

Así comienza 1984 la novela distópica que transcurre en Oceanía y que es un referente en la literatura universal; el autor se nutre de  las experiencias de la segunda guerra mundial y las consecuencias del totalitarismo en las sociedades.

Oceania corresponde al Reino Unido y resalta el que   ninguna región estará exenta del riesgo de las dictaduras; el retrato de El gran hermano es la resultante de combinar los fenotipos de Hitler y Stalin; Winston es el héroe que se revela contra el sistema sabiendo que acude al martirio y a una muerte segura, representando la decidida actitud de Churchil durante las horas cruciales del conflicto y la arremetida de la poderosa maquinaria bélica del "Tercer Reich". O´Brien es muy probablemente uno de los tantos personajes de la trama de espionaje y contraespionaje, cruciales en el desenlace del conflicto; Julia es la cara femenina del enfrentamiento que  claudica ante el  amor y que invariablemente sería arrastrada por la vorágine de represión, odio y violencia  desatada por "El Partido"

La hermandad, casi siempre intangible, no es desconocida en nuestros tiempos; es la cara de la resistencia ante la injusticia y la opresión, aunque en este caso, no sabemos si fue o no operativa.

La policía del pensamiento, esa terrible espada que flota sobre la humanidad de cada cual dispuesta a cortar de un tajo cualquier intento de rebeldía. 

El gran hermano ha transmutado y se encuentra hoy representado por la informática social que detalla cada uno de nuestros pasos, lo que sentimos, deseamos, odiamos, admiramos y soñamos; hoy un Psiquiatra con revisar las redes sociales  ya puede hacer el diagnóstico que antes le hubiera tomado mucho mas tiempo, o no pocas veces,  habría fracasado en su intento;  pero no todo es nobleza en el aprovechamiento de este poderoso instrumento, El gran hermano tiene la información y está a  discreción el como utilizarla.

Ya estamos percibiendo las consecuencias sociales de esta manipulación, la democracia referente de la sociedad moderna que también es el país mas poderoso, está siendo víctima de injerencia exterior en sus decisiones políticas, de violentas protestas que han incluido intento de toma de recintos democráticos, muertes, agresiones, polarización, xenofobia, odio y deseo de venganza.

En América Latina la situación es mucho  mas compleja, la fragilidad de las instituciones la hace vulnerable al caos, la mentira, el crimen, la violencia, la inestabilidad social y la maldad; en esta tormenta informativa, cada cual construye su verdad, el individuo promedio no tiene la menor oportunidad de examinar el trasfondo, la estrategia, el engaño y es arrastrado a ser parte de la turba ideológica, de la masa que tiene ojos, oídos y una enorme boca para arengar sin pausa, evitando la reflexión y el análisis.

Es un enorme desafío; en estos momentos en Colombia se cumplen 40 días de protestas encabezadas por quien sabe quien, desde quien sabe donde, persiguiendo oscuros intereses, intentando pescar en rio revuelto; radicales, narcotraficantes, delincuencia organizada, políticos oportunistas (es un pleonasmo) y líderes que se sienten con el derecho a tomar decisiones que afectarán a millones de compatriotas. Hay que seguir creyendo en la Ilustración, en la ciencia, en el conocimiento, en el análisis; se hace necesario aplicar el método científico para encontrar las soluciones y contrarrestar semejante amenaza; no será fácil, pero es nuestra mejor opción.