"Quien instruye los versos mas cortos o mas largos mas delgados o mas anchos mas amarillos o mas rojos? El poeta que los escribe es quien lo determina con su respiración y su sangre con su sabiduría y su ignorancia" Escribió Pablo Neruda
No obstante esta observación, casi un dogma por su progenitor, la poesía es otra cosa, hay que desnudar el alma, mostrar lo mas recóndito de nuestros sentimientos, entorpecer el pensamiento, el análisis y la razón para procurar su escape; se percibe la vulnerabilidad en la osadía, la fragilidad en el intento; no se trata de contar una historia, es una brega por darle voz al espíritu, por liberar el alma, por pretender un escape sin retorno.
En algún libro que pronto recordaré, el autor cita a un poeta refiriéndose a la existencia: "El tiempo, ese homicida que nadie ha podido atrapar aún"
Y leyendo un libro de Facundo Cabral, me atrapó la idea y reuní el valor para atreverme a escribir un poema, el primero, que tiene como eje la frase en mención; el título sería obvio, pero no lo tiene.
"El tiempo, ese anciano venerable
sereno e inquieto a la vez
que nace con el día
y muere cuando acaba la esperanza
Ese niño irreverente y desafiante
ese homicida escurridizo
que nadie ha podido atrapar aún
Y si alguien lograra hacerlo
sería incapaz de mantenerlo a buen recaudo
Cada día que pasa, me acecha, me intimida
me acosa, me persigue
me angustia su cercanía
que crece como crecen mis años
pero necesito su presencia
preciso de su abrazo
requiero sus caricias
Temo la ausencia dolorosa
hija de los amores mas profundos
que impasible abandonas al recuerdo
Tiempo, bufón irreverente,
Rey de Reyes y vasallos
no detengas tu marcha
porque estas llamado a ser el único
que no debe enfrentar la muerte."

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