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domingo, 8 de enero de 2012

CARTAS A FANNY

"Querida prima:

¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro? Ha llegado la última aurora, tengo al frente el Mar Caribe azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades, a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805, encima de mi, el mas bello cielo de América, la mas hermosa sinfonía de colores, el mas grandioso derroche de luz...

Tu estás conmigo porque todos me abandonan, conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. !Adios Fanny¡

Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la misma mano que estrechó la tuya en la horas del amor, de la esperanza, de la fé; esta es la letra escritora del decreto de trujillo y del mensaje al congreso de Angostura. No la reconoces ¿verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado, la realidad de este supremo instante. Si Yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado a los campos de un sol de primavera.

Muero despreciable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, victima de intenso dolor, preso de infinitas amarguras. Te dejo mis recuerdos, mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos. ¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda? Estuviste en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos de gobierno; tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses; tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera. En las noches galantes del Magdalena, vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia., en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tu, porque tu has flotado en mi alma mostrada por níveas castidades!

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con el hechizo de la juventud y de la fortuna, me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz oigo las dianas inmortales de Junín."

Santa Marta, Diciembre 06 de 1830

Hermoso testimonio de amor, carta escrita por el Libertador a su amor de juventud en las postrimerías de su muerte, en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

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