
"Lo que Yo quiero son realidades, no enseñéis a estos muchachos y muchachas otra cosa que realidades, arrancad de raíz todo lo demás"
Así comienza esta novela con el discurso del imperioso Tomas Gradgrin, dando rienda suelta a la despótica y abusiva relación con sus hijos.
Tom, Luisa y posteriormente Ceci, a quien toma bajo su tutela, crecen a la sombra de una doctrina apabullante, la doctrina de los hechos, de las realidades, en donde el espíritu es modelado de acuerdo a formas geométricas perfectas, ponderables y rigurosamente susceptibles de cálculos matemáticos; la curiosidad, alegría, vivacidad fueron cercenadas antes de que asomaran los tiernos brotes, en un entorno en el que no había espacio para que el alma tomara un respiro, para que los ojos vislumbraran la fantasía,el ensueño, el absurdo o la esperanza.
Charles Dickens retrata como en otras obras la Inglaterra que vibra, que se transforma, que palpita en una metamorfosis asombrosa que avasalla el paisaje y el pensamiento; hace fácil imaginar el hollín en las paredes, las serpenteantes columnas de humo escapando de las chimeneas, la suciedad, el hacinamiento, el frío y la humedad, pudiendo suponer, la agradable sensación que produciría arrimar las manos a una chimenea.
Ser testigo de la dolorosa y hoy inexplicable mansedumbre de Luisa, que contrasta con su inteligencia y talla intelectual, cuya resignación arrasa cualquier posibilidad de vivir a plenitud, llevándola a compartir su promesa con un individuo de rancia estirpe, pletórico en elogios para si mismo, que no pierde oportunidad para ensalzar sus logros. La desgraciada Luisa, había elegido como receptor de su cariño al Mequetrefe de su hermano, quien se jactaba de haberla convencido de desposarse con el viejo Bounderby, "Bien mirado la cosa no era tan importante para Ella como para Mí" decía, "Yo me jugaba mi libertad y mi regalo, acaso mi carrera, mientras Ella no tenía otro novio y la vida en nuestra casa era igual que vivir en una prisión..."
Tom era mucho menos que un mequetrefe, era un haragán, un sinvergüenza, vividor, jugador y ladronzuelo de poca monta. No es fácil aceptar que la persona a quien quieres cumple a cabalidad con todas y cada una de esas características; te inunda la tristeza, la desesperanza.
La convivencia, las dificultades del diario vivir, nos muestran tal y como somos, por esta razón Luisa conocía perfectamente a Tom y a pesar de esto lo quería tanto que hasta último momento hizo grandes esfuerzos para salvarlo, conspirando junto a su padre y hermana para fraguar su fuga; el mequetrefe merecía el escarnio público y mucho mas; su muerte alejado de Coketown presa del arrepentimiento y la soledad, fue un castigo apenas merecido.
La tristeza y melancolía se hacen presentes en la piel de Esteban Blackpool, humillado repetidamente por una esposa alcohólica y quien en medio de ese naufragio encuentra el amor y el cariño pero no puede abordarlos porque para El, nada es merecido salvo la compasión, la sospecha y el desarraigo; leal a sus principios e incluso a quienes lo rechazan, se aferra con desesperación a su trabajo para evitar recordar lo desgraciado que es. Victima del infame mequetrefe, encuentra la tragedia en su camino de regreso al intentar defenderse de la calumnia y la ignominia; pero incluso ad portas de la muerte, mantiene su integridad y talante.
El señor Tomas Gradgrin asume con dignidad la derrota de sus tesis y es testigo de como las realidades no son suficientes para alcanzar la felicidad y de como las predicciones acerca de sus hijos y su protegida no pueden estar mas lejos de la realidad; redime en parte la culpa, respaldando a su hija Luisa y rescatando el buen nombre de Esteban.
Queda al descubierto por último, la verdadera esencia del rubicundo fantoche Josiah Bounderby, quien nunca cesó en hacer apología del sacrificio, cuando su abnegada madre se ve en la obligación de contar la verdad de la historia, muy distante de la que pregonaba en cada conversación.
El señor Tomas Gradgrin asume con dignidad la derrota de sus tesis y es testigo de como las realidades no son suficientes para alcanzar la felicidad y de como las predicciones acerca de sus hijos y su protegida no pueden estar mas lejos de la realidad; redime en parte la culpa, respaldando a su hija Luisa y rescatando el buen nombre de Esteban.
Queda al descubierto por último, la verdadera esencia del rubicundo fantoche Josiah Bounderby, quien nunca cesó en hacer apología del sacrificio, cuando su abnegada madre se ve en la obligación de contar la verdad de la historia, muy distante de la que pregonaba en cada conversación.

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