Hay una ley que invariablemente se cumple en cualquier lugar de los pocos o tantos que conozcamos: la ley de la probabilidad.
Cuando hay tantas religiones con epicentros tan disímiles, muchas antagónicas, con historias tan variadas, aunque con objetivos muy similares, algo es seguro: la gran mayoría de ellas, sino todas, estan erradas; en el mejor de los casos, una es la correcta, es verdadera, las otras son falsas, falsas desde su inicio, intencionadamente, o tergiversadas por el inexorable paso del tiempo, que todo lo impronta.
Pero el ser humano asume una actitud condicionada por ciertas variables que permanecen constantes, tal vez la mas importante es el poder, mientras mas poderoso es el hombre, mas se acerca a la convicción de que no necesita de mas nadie para alcanzar sus objetivos, por el contrario, cuando mas vulnerable es el ser humano, cuando mas fragil se siente, cuando se enfrenta a situaciones que no pueden ser encausadas por su escaso o abrumador poderío, percibe la imperiosa necesidad de entablar una relación con un ser superior, el mas poderoso de todos y entonces, se lleva a cabo una alianza que en muchos casos queda supeditada a los resultados en el corto plazo.
Cuando el ministerio de la Fe y su ejercicio var direccionados a la obtención de poder (como nos muestra la historia desde el inicio del hombre) mas nos alejámos del propósito inicial: hacer un ejercicio de humildad, entablar una relación horizontal con nuestros congéneres y así materializar la solidaridad, el amor, la fraternidad.
No hay duda que la espiritualidad es una parte importante del ser humano, por ello hay que ejercitarla, cultivarla, nutrirla, esta es la parte fácil, lo difícil es el como, como lo hacemos, que camino tomamos, como evitamos ser instrumento de quienes trafican con ella, como nos orientamos cuando no se ve el sol, la luna, las estrelas, cuando no hay viento, cuando no se pueden ver las hojas de los arboles, cuando no podemos escuchar siquiera el sonido del silencio?
Es una busqueda diaria, permanente, constante, que debe alimentar nuestro deseo de ser, de existir, tal vez nunca la vamos a encontrar, tal vez nunca se nos va a revelar, pero la reflexión, la introspección, el conocer la historia, son ejercicios importantes para mantenerla y fortalecerla, no existen fórmulas mágicas, no hay caminos señalados, no hay claves reveladas, tal vez no exista un camino, tal vez existan muchos, esa incertidumbre es un gran aliciente para estar espiritualmente en forma.

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