Era el único de la familia que me llamaba así; los otros me decían "Jochelón"; aún enfermo, tomaba su bastón y su sombreo para recorrer unas seis cuadras y visitarnos en la casa que "La Señora" Elvira, nos había alquilado en el barrio Pescaíto; hay una fotografía en la que está sentado en el patio en una mecedora con sus cuatro nietos. Sufria mucho; en estos momentos puedo dimensionar su angustia; sabía con absoluta certeza que sus hijos serían incapaces de sostener lo que con tanto esfuerzo había logrado levantar; lo imagino llorando en la soledad, acaso sufriendo mas por los dolores del alma, que por la claudicación de la carne a la cual incluso estaba en capacidad de hacer mayor oposición.
Esa vez, durante el breve encuentro me acerqué con decisión y pedí a los presentes que se retiraran de la sala, que necesitaba hablar a solas con mi abuelo, tomé una silla y la acerqué a su lado, acaricié su frente y le dí un beso. "Abuelo querido, aqui estoy, quiero darte las gracias por todo tu sacrificio, por tu trabajo, por tu responsabilidad para con la familia; gracias por dejarnos esa hermosa herencia, la de un hombre trabajador, que sería posteriormente mi carta de presentación cuando en improvisadas tertulias aparecían los personajes ilustres que fueron motor del desarrollo económico de esta ciudad; quiero que sepas esto, escuchame bien, me estas escuchando? - Si hijo, te escucho- quiero que sepas que voy a levantar tu bandera, y la voy a izar satisfecho, Tu esfuerzo florecerá y donde quieras que estés, te sentiras orgulloso de Mi"
En realidad no atiné a pronunciar palabra alguna, no estaba maduro para hacerlo, pero en lo mas profundo de mi pensamiento, en esos recovecos inextricables, en esos minúsculos espacios insondables, se acomodó una gota, un puñado de átomos en forma de esperanza, que se rehusó a ser devorada por la abrumadora posibilidad de que el tiempo arrasara con ella en contubernio con las tribulaciones y dificultades que apenas asomaban; me aproximé y sonreí tímidamente para luego salir corriendo.
A los pocos días mientras jugaba en la sala de mi casa, José Labarca, "Cheo" un primo dos años mayor , se asomó por la ventana y gritó austado:"Tu abuelo falleció"
EL otro recuerdo que atesoro, es verme a mí vestido de negro al lado del cortejo; caminé con el dedo indice derecho colocado sobre la farola izquierda de la negra carroza como queriendo darle el contacto que no pude ofercerle días atrás, como si estuviera consciente de que ese era mi último vínculo con el hombre que hubiera asegurado mi salud, educación y facilitado el cumplimiento de todos mis sueños; de fondo escuchaba una banda que solemnemente entonaba música fúnebre. Unas horas antes había visto a mi padre en el claro-oscuro de la sala, recostado en una de las sillas, llorando con las manos sobre el rostro; fue la única vez que lo ví hacerlo, señal inequívoca de la gravedad y trascendencia del suceso.
Hace unos pocos años soñé con Él, estaba impecablemente vestido, con una camisa color carmesí, un pantalón de dryl camel, unos zapatos color tabaco y un sombrero elegante de tonos tierra. Me abrazó y lloró; me dijo "Como me duele haberte dejado así" Yo estaba un poco mas grande, pero tampoco pude contestarle nada, aún no podía decirle:"Mira abuelo, lo hicimos! Lo Logramos! recuerdas aquella foto en el patio? pues nadie se quedó atrás, mira lo que hemos avanzado, mira a Tus bisnietos estudiando en los mejores colegios y en las mejores universidades, Bertica y sus hijos residen en Canadá trabajan, estudian y viven plenamente, Angélica es Enfermera superior y acompaña a mi mamá, "Inesita", en su edad dorada, quien tambien ha tenido una vida apacible, sin tribulaciones, sin carencias o angustias, mas allá de las que son inherentes al hecho de vivir, de respirar. Aleida, la menor, la recuerdas? la mas pequeña, la del cabello ensortijado, bueno es contadora especializada en gerencia de empresas comerciales, tiene una hermosa casa-finca en las afueras de la ciudad, con mucha naturaleza como a Ti te gustaba, con una hermosa piscina en donde nos reunimos en familia a celebrar la vida. Jorge Enrique, su hijo y tu bisnieto, está en la Universisad casi por terminar su carrera y planeando especializarce en el exterior. Julio Cesar III estudia Medicina y Gastón José, Derecho.
Con Aleida hubieras podido trabajar maravillosamente, diversificado los negocios, la compraventa hubiera aprovechado su prestigio para convertirse en una entidad crediticia, abriríamos sucursales en Aracataca, Ciénaga, Fundación y luego en otras ciudades; Hubieramos encontrado la forma de tener una hacienda (La Cascada) productiva y poco a poco extendernos en busca de tierras mas planas y fértiles a orillas del rio "Cataca". En pozos colorados, en el terreno que como gran visionario negociaste, construiríamos una cabaña familiar para disfrutar de la suave brisa, los sonidos del mar, las puestas de sol y caminaríamos por la arena planificando nuestros nuevos proyectos.
Bueno, mis negocios se direccionaron por otros rumbos, pero hasta el día de hoy tenemos una empresa prestadora de servicios de salud o IPS con tanto prestigio y liderazgo como en su momento lo tuvo "El nuevo Cascabel"; seguí tus enseñanzas, trabajé duro, cuidé mis inversiones y me preparé para el futuro; de alguna forma me las ingenié para convertirte en mi faro, en mi punto de referencia, en una estrella fija, casi en el horizónte, que debía alcanzar, porque al hacerlo, podría abrazarte y disfrutar esta conversación que nunca tuvimos!


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