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miércoles, 6 de julio de 2022

ALEXANDER VON HUMBOLT

 

El Padre de Alexander Von Humbolt, originario de Pomerania, actual polonia, fue un oficial del ejercito de Fderico II, el Grande de Prusia y lo nombraron Capellán de la princesa de Prusia por sus méritos durante la guerra de los siete años. La madre, Marie Elisabeth Von Holwede procedía de una familia bien situada de raices Hugonontes y además había heredado una fortuna tras enviudar de su matrimonio anterior.
Junto con su hermano Wilhem, dos años mayor que él, Alexander fue educado en su hogar, el castillo de Tegel, por tutores particulares que estimularon su afición por la naturareza; su padre. quien murió cuando alexander tenía diez años, había elegido educadores de pensamiento ilustrado; uno de ellos, inspirado en Rousseau, Joachim Heinrich , ejerció una importante influencia sobre él y su hermano. Alexander se interesó ya de niño por la naturaleza y mas concretamente por los insectos, las plantas y las piedras. Entre otras enseñanzas, recibió clases de pintura y dibujo y a los 17 años ya expuso sus obras en la academia de Berlín. Su talento artístico quedaría patente en las ilustraciones que acompañan sus libros de viaje.


Alexander y Wilhem tenían una relación particular con la casa real, la cual queda patente en el hecho de que el príncipe heredero  fuera padrino de Alexander. La señora Humbolt, viuda por partida doble, optó por una vida relativamente modesta para poder dedicar suficientes medios a la educación de sus hjos. Estos recibieron una sólida formación en lenguas antiguas y modernas y tuvieron por profesores a especialistas cuyas clases de derecho y filosofía eran prácticamente de nivel universitario; por medio de uno de ellos los jóvenes entraron en contacto con la "Ilustración Berlinesa". Durante su adolescencia deseaba dedicarse a la carrera militar, pero su familia lo alejó de esa inclinación. Realizó su primer viaje formativo en la década de 1790, que lo llevó a lo largo del rio Rhin hasta los países bajos y de allí al Reino Unido, con lo que empezó a soñar con navegar otros continentes. El regreso a su país lo hizo en el marco de la Revolución Francesa, lo que contribuyó al fortalecimiento de sus idéas liberales. 
Visitó Bogotá con el principal objetivo de entrevistarse con el botánico José Celestino Mutis, lo que le representó tener que remontar el rio Magdalena y ascender por los caminos de los Andes. Realizó importantes estudios sobre los volcanes en Ecuador y fue recibido en Quito por los aristócratas locales. Humbolt terminó su visita a América en EU donde fue huesped del presidente Thomas Jefferson, un aficionado a los estudios geográficos, en especial sobre la nueva España, poco después llamada Mexico, gracias a los cuales EU obtuvo información estratégica de la riqueza de su vecino y del estado de debilidad interior que lo aquejaba. Los servicios de Humbolt, aportados ingenuamente, fueron cruciales para avivar el deseo norteamericano de apoderarse de los territorios Mexicanos, como al poco tiempo ocurrió.

El trayecto de Humbolt; Los Andes, gran revelación para la naturaleza

El 24 de Noviembre de 1800, diez meses después de su desembarco y ya aliviado Bonpland de un ataque de fiebres, los viajeros partieron hacia Cuba; tras 25 días llegaron a La Habana. Allí se encontraron de que la expedición de Baudín había partido de Francia y que en el lapso de un año, era posible que tocara El Callao; el 14 de Marzo de 1801, dejaron Cuba con rumbo a Panamá para atravesar el istmo y seguir hasta Guayaquil. A mitad del trayecto los sorprendió una tormenta que afectó el barco, desviándolo de su curso hacia el oriente. A manera de temporal, La Nueva Granada les llamaba. Pasados veinte días la nave llegó a la bahía de Cispatá en el extremo este del golfo de Morrosquillo; superados el susto y los riesgos del naufragio, el barco se dirigió a Cartagena bordeando el archipiélago de San Bernardo. Al puerto amurallado llegaron el 30 de Marzo.
La estancia en Cartagena sirvió para replantear la ruta. José Ignacio de Pombo les convenció de las ventajas que representaba el viaje por tierra. La ruta habitual no solo les representaría remontar el rio Magdalena y conocer la selva tropical, sino cruzar los Andes, una cordillera extraordinaria llena de acertijos biogeográficos y abundantes especies desconocidas. Un atractivo adicional se les presentaba: en Santa Fe residía José Celestino Mutis (imagen) reputado como amigo de Carlos Linneo, el padre de la nomenclatura científica y a la vez, máximo naturista de la época. Mutis gozaba de un gran prestigio como médico y catedrático; era además un hombre poderoso e influyente que había ganado gran fama por haber sido el promotor de la expedición botánica del Nuevo Reino de Granada, empresa que aún dirigía.
A través de Pombo, se entera de su influencia, aunque le informan que se trata de un anciano reservado y de mal humor, decide enviarle una carta artificiosa en la que se presenta ante el gaditano y en forma zalamera le comunica que desde hace una década arde en deseos de conocerle y de apreciar su gran obra que prepara para la posteridad; por tal motivo ha decidido visitar Santa Fe. Mutis se siente halagado y le responde ofreciendo todo tipo de colaboración, como efectivamente comenzó a suceder a partir de Honda.

Los argumentos de Pombo y la ventaja de viajar al lado del comisionado de Quinas, Luis de Rieux, decidieron el nuevo itinerario. Remontar el Magdalena era penoso por acción de los mosquitos, por el calor sofocante y por la permanente humedad. Ascender los Andes era difícil, pero implicaba varias ventajas; su vegetación podía ser comparada con la de los Alpes. La comparación de las cordilleras, haría posible verificar varias hipótesis sobre la geografía de las plantas; además de una flora y una fauna novedosas que se descubrirían ante sus ojos. La política Española, había mantenido ocultas las riquezas naturales de América al resto del mundo por trescientos años; esta era una buena oportunidad de penetrar en tales arcanos.
El recorrido hacia el interior de la Nueva Granada se inició con una visita a los volcanes de Turbaco, para seguir por Barrancas Nuevas y tomar el curso del Magdalena. Las principales etapas fueron: Zambrano, Mompox, El Banco, Tamalameque, Cimitarra, Barrancas, Garrapata, Nare y Guarumo. Paisajes impensados van surgiendo a cada paso y los diarios de los viajeros se van llenando de notas y de esquemas que servirán para levantar mapas y redactar memorias científicas; en su equipaje abundan muestras de plantas, animales disecados, muestras minerales y otras curiosidades de la naturaleza. 

El recorrido por el rio toma algo más de dos meses y les proporciona una visión diferente de los paisajes apreciados en Cumaná, Caracas, San Fernando, Atures y Maypures. En Honda se detienen mientras Bonpland se recupera de un ataque de fiebres, lapso que Humbolt aprovecha para recorrer los alrededores, hacer observaciones astronómicas, fijar posiciones geográficas, recortar plantas y enriquecer sus observaciones.

La revelación de Los Andes


Por fin los viajeros inician el ascenso a Santa fe, el mismo les permite observar claramente los cambios de la vegetación en la medida en que van ascendiendo; se va dejando atrás la selva tropical inferior plena de árboles enormes, afianzados en raíces tabloides, poblados de lianas y bejucos y rodeados de hierbas gigantes, para entrar en la selva sub andina, pletórica de colorido y con un sotobosque rico en hierbas como las begonias, los anturios, las gesnerias, las piperáceas y los helechos. Aparecen las guaduas y las palmas de cera, especies nuevas y con una arquitectura sorprendente para los Europeos que no dejan de admirarse con lo que ven sus ojos; en la medida en que van ascendiendo, los árboles disminuyen su talla, sus hojas se hacen menores y las ramas se van poblando de musgos, quiches y orquídeas. Finalmente atraviesan el bosque nublado, lleno de helechos arborescentes y dominado por los robles, pero en el que se encuentran innumerables sietecueros, tunos, cucharos, cafetillos y no pocas quinas entre las que se distinguen la roja y la amarilla.

Durante el ascenso, Humbolt empieza a comprender con claridad meridiana lo que aparentemente nadie había comprendido antes de él: la organización de los seres vivientes responde en gran medida al clima y algo mas importante: ese clima en las zonas equinocciales está condicionado en gran medida por la altitud sobre el nivel del mar. Las especies vegetales son mas abundantes entre los mil y los dos mil metros de altitud y están dominadas por algunas familias propias del trópico. El hecho de atravesar la cordillera central por el paso del Quindío y el posterior ascenso al volcán Puracé van a servir para complementar tales observaciones y confirmar sus hipótesis. En los Andes de Quito simplemente reafirmará sus convicciones y verificará sus asertos.

Culminando el ascenso, se presenta ante ellos la enorme planicie de Bogotá, rodeada de monte y abundante en plátanos. Se trata de un paisaje nuevo en el que todo llama su atención. Son recibidos cordialmente, su llegada se convierte en todo un acontecimiento social para la tranquila capital del Virreinato que para entonces solo contaba con treinta mil habitantes. A Fontibón a donde arriban el 15 de Julio, acude a recibirlos una comitiva encabezada por el asesor del Virrey Mendinueta, el secretario del arzobispo, el rector del colegio de El Rosario, Fernando Caycedo y Fleréz, el marqués de San Jorge y su hermano Jorge Tadeo Lozano, quienes le acompañan en el ingreso a la ciudad. Mutis les ha preparado una casa para que se alojen y los recibe con extraordinaria cordialidad. Una estancia de pocos días se convierte en dos largos meses. Las fiebres recurrentes que sufre Bonpland obran a favor del conocimiento de la naturaleza Colombiana.

El Virrey Mendinueta solicita a los viajeros visitar las salinas de Zipaquirá y elaborar un informe sobre la forma de explotación; paralelamente encarga a varias personas para que sigan los pasos de los exploradores y suministren datos pormenorizados sobre sus actividades. Los viajeros quieren conocer el páramo y ver en vivo las plantas que Mutis les ha mostrado a través de bellas ilustraciones; ascienden a Monserrate, Guadalupe y llegan al páramo de Chingaza; igualmente visitan la laguna de Guatavita y el salto del Tequendama, lugares de gran atractivo. Deben alternar su trabajo de naturalistas con sus compromisos sociales. Humbolt encuentra personas ilustradas; se sorprende de las inquietudes intelectuales de los capitalinos y admira la biblioteca formada por Mutis; en la que encuentra numerosas obras de historia natural y de astronomía acompañadas de cerca de 10.000 libros teológicos y de literatura diversa. Al respecto afirma: " Excepto la de Banks en Londres, nunca he visto una biblioteca mas nutrida que la de Mutis"

Humbolt sostiene largas charlas con Mutis; esperaba encontrar a un viejo retraído y cascarrabias y le sorprende un anciano desdentado, bonachón, y magnánimo. rico y poderoso, que lo último que quiere es hablar de botánica. El gaditano no solo les atiende, sino que pone a su disposición toda la infraestructura de la expedición; además les regala 100 láminas ilustradas a todo color y que representan la ilustración de especies mas llamativas de Bogotá.


La colección de pinturas va acompañada de notas y apuntes relativos a dichas plantas. Igualmente les obsequia una hermosa y completa colección de quinas con ejemplares en flor y en fruto, cortezas seleccionadas  y láminas en folio mayor representativas de las especies. Estos materiales serán destinados por Humbolt al instituto de Francia como prueba de adhesión. Además, Mutis costea una recua de bestias que al final no son utilizadas por los Europeos. Humbolt no deja de comparar ese sencillo boato de dos petacas que constituían su equipaje durante su viaje al Orinoco. En su magnanimidad, el anciano ha enviado tres mulas cargadas de viandas que se unen a otras ocho en las que van empacadas cuidadosamente los instrumentos, los apuntes, los materiales acopiados, la mesa de campo, las camas portátiles y la obligatoria bacinilla. En testimonio de agradecimiento por las atenciones recibidas y por los lazos de amistad expresados, Humbolt publicará una síntesis biográfica de Mutis en la Biographie Universalle de Michaud; además, con Bonpland, le dedicará su primera gran obra botánica, Las Plantas Equinocciales. La dedicatoria del libro aparecido en 1809 dice: "A Don José Celestino Mutis, Director en jefe de la expedición botánica del reino de Nueva Granada, Astrónomo Real de santa Fe de Bogotá, como una fiel marca de admiración y reconocimiento"; esta mención va acompañada de un alegórico retrato de Mutis sobre el cual aparece una corona de doce estrellas; a izquierda y derecha lucen dos ramas floridas y entrelazadas; una de ellas representa la Mutisa clematis, planta emblemática de la expedición y con la cual Linneo homenajeó a Mutis y la otra ilustra la Linnea borealis. Mutis y Linneo son quizás los únicos naturalistas cuyas efigies, después de dos siglos, han aparecido en billetes de curso legal en Colombia, España y Suecia, además en 1805 Humbolt describió para la ciencia "el capitán", pez carente de escamas y propio del altiplano de Bogotá, el cual fue dedicado a Mutis bajo el nombre de Eremóphilus mutusii.

Las muestras de reconocimiento de Humbolt y Bonpland se hacían no solo a la generosidad del anciano, sino a su prodigalidad y desprendimiento. Además de poner a su disposición de la infraestructura de la expedición, le abrió su herbario, facilitó notas y manuscritos y les cedió descripciones, láminas, especímenes, lo cual tenía un mayor valor que que la misma amistad y las atenciones dispensadas. De las 148 especies tratadas en los tomos de las plantas equinocciales, una tercera parte corresponde a la flora Colombiana; de ellas, un tercio ya estaban registradas en el herbario de la casa de la botánica y habían sido ilustradas en la iconografía de la expedición Mutisiana.

Paso del Quindío

Los viajeros abandonan Santa Fe para continuar el viaje por Pasca e Icononzo; allí se detienen para observar el puente natural; sobre el mismo, el 14 de Septiembre Humbolt celebra su cumpleaños 31; luego continúan hacia Melgar y Cunday, para caer en el valle del Magdalena cerca del Espinal; entonces, en lugar de tomar la ruta tradicional a Popayán por Neiva y La Plata, deciden seguir a Ibagué y atravesar el paso del Quindío por el camino de Toche. Son Humbolt y Bonpland los primeros en acometer tan difícil ruta; a lo largo de ella descubren la real magnitud de los Andes del trópico; allí se descorren los velos que le impedían comprender la geografía de las plantas, allí se enriquece notablemente su conocimiento. Esta travesía resulta decisiva para aclarar varios conceptos que luego serían ratificados en Ecuador, donde los viajeros van a demorar mas de un año y donde van a escalar varios nevados para complementar su visión integral de la naturaleza tropical; entre los sitios visitados durante el viaje Americano, el Quindío fue quizás el mas rico en plantas; allí fueron descritas multitud de especies, entre ellas la palma de cera y la Mutisia grandiflora.

La del Quindío era la ruta mas difícil que tenía la cordillera; entonces era un bosque espeso, completamente deshabitado y que solo permitía el paso en verano debido a los numerosos torrentes que en invierno bajaban por el deshielo de los nevados. El estrecho camino alcanzaba los 3.500 mt de altitud y abundaba en barro, lo que hacía mas penoso su trayecto.
Para la carga utilizaban bueyes; también se empleaban cargueros que llevaban a cuestas los fardos o los viajeros, valiéndose de una silleta de guadua sostenida con una jáquima similar a la empleada con las bestias. Al caer la noche, los cargueros construían un armazón que cubrían con hojas de bijao para resguardarse de la lluvia. Humbolt y Bonpland cruzaron la cordillera en Octubre valiéndose de doce bueyes para llevar sus instrumentos,, pertenencias y colecciones científicas. El trayecto entre Ibagué y Cartago tomaba habitualmente 15 días que podían convertirse en treinta.
Al salir de Cartago, los viajeros siguieron el margen del rio Cauca por la cordillera central hasta llegar a Popayán. El 22 de Noviembre iniciaron el ascenso al Puracé, entonces el sitio mas elevado visitado por Humbolt, donde continuaron sus observaciones, pero no alcanzaron a hacer cumbre por el mal tiempo. Al dejar Popayán, optaron por el camino de Almaguer, que, aunque mas escarpado, seguía mas de cerca la cordillera, donde las observaciones geológicas eran mas interesantes y la flora mas rica. El viaje siguió hasta Pasto para continuar hacia Quito. En Ibarra les esperaba Francisco José de Caldas.

Durante el viaje los Europeos recolectaron alrededor de 60.000 muestras de plantas que corresponden a 6.200 especies, muchas de las cuales correspondían a nuevos géneros y especies; buen número de ellas procedían de Colombia. En su momento habían visto y estudiado mas plantas que ningún otro explorador; por ello enriquecían el conocimiento de la botánica y de la flora tropical Americana en gran medida. En el tratado Novas genera et species plantarum, se recopila la labor botánica del viaje; el trabajo sistemático fue realizado casi en su totalidad por Karl Siguismund Kunth. 

En el campo de la zoología también hicieron importantes aportes, dando a conocer diversas especies. Sus apuntes geográficos fueron básicos para el conocimiento de América. Los diarios de viaje y el cosmos, se convirtieron en lecturas obligadas para entender el nuevo continente que había permanecido oculto a los ojos del mundo.

Nota: La mayor parte de la información corresponde a documentos de la biblioteca del Banco de la República de Colombia.










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