Me encontraba sentado en un salón de clases no muy grande, penúltimo escritorio, lado derecho, estaba concentrado en la cátedra dictada por un hombre de unos 40 años, atlético, que vestía un elegante traje azul-grisáceo, con un sueter azul oscuro delante de su camisa y corbata; el cabello un poco largo pero uniformemente adherido al contorno de su cráneo; lucía muy moderno para la época, pero lo mas llamativo era la claridad de su exposición: Corria entonces el año 1959 o 60, Yo nacería 4 años después al igual que el monstruo sobre el cual versaba esta parte de la disertación, hizo referencia a los enormes riesgos que representarían para nuestro país el no enfrentar con determinación y firmeza esta naciente amenaza; entonces supe de quien se trataba, era Alvaro Gomez Hurtado, Abogado, político escritor y periodista colombiano, con una sólida formación académica y un envidiable vagaje intelectual. Me estremecí, lo miré fijamente mientras se paseaba por el corredor formado por la disposición de los escritorios, entonces dejé escapar un par de lágrimas y El lo advirtió, se detuvo, se acercó y discretamente me preguntó que sucede? Lo siento, contesté pero no puedo explicarselo.
Si bien es cierto hasta la fecha no hay total claridad sobre los autores de su muerte, es una tragedia que se repite y a la cual aistimos una y otra vez observando como el asesinato es el argumento con el cual se enfrentan las ideas vinieren de donde vinieren y se salda la diferencia de opinión que en otros lugares es reconocida como el motor que impulsa y robustece el ámbito social del ser humano. La violencia se nutre aquí por todos los flancos y puntos cardinales y entonces las instituciones se hacen mas frágiles y los resultados de las mismas no aparecen a pesar de intentarlo por décadas. He visto caer durante estos tiempos hombres brillantes que de otra manera habrían contribuido a forjar un país fuerte, vigoroso, pluralista y tolerante.
Antes (o despues?) había tenido un fugaz encuentro con el Doctor Gomez, corria el año 1984 u 85, estaba parado en la calle 76 con la carrera 51B en Barranquilla, me disponía a aistir a la Universidad cuando un automovil elegante se detuvo justo en frente de mí, lo reconocí, me miró y levantó su mano, haciendo casi un saludo militar, le correspondí de inmediato, aunque estoy casi seguro que no había recordado nuestro primer encuentro..











