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miércoles, 29 de junio de 2022

LA UNITED FRUIT COMPANY EN EL CARIBE COLOMBIANO

"En las colonias Españolas se oye repetir que los habitantes de las tierras calientes no saldrán de la apatía en que hace siglos están sumergidos, hasta que una real cédula mande destruir los platanales"

                                                           Alexander Von Humbolt, 1822

La mayor parte de la información tiene como fuente el ensayo de Maurice P. Brungardt, Profesor emérito de Historia de La Universidad Loyola, New Orleans, publicado por La universidad Nacional de Colombia.

Así empezó todo: en los últimos años del siglo XIX, un curtido lobo de mar de Nueva Inglaterra, el capitán Lorenzo Baker, comenzó a embarcar plátanos en Jamaica para venderlos en Boston. Baker era una mezcla de fanático religioso y empresario sagaz: aseguraba que al enseñar a los nativos a cultivar frutas y vender los racimos en las condiciones y al precio que él ordenaba, los estaba acercando a la civilización y a Dios.

Baker comenzó a embarcar bananos de forma regular desde Jamaica desde 1871, obteniendo un buen márgen de utilidades, comercializó la fruta producida en 2000 acres dedicados hasta entonces al cultivo de la caña de azucar mediante un contrato en los puertos de New Orleans, conformando una flotilla de barcos dedicados al transporte de la fruta; la compañía tuvo su sede en Boston, EU.

En esa dinámica ciudad, el joven y ambicioso funcionario de la banca Andrew Preston vio el negocio en la mercancía de Baker; juntó a diez inversores, pusieron 2.000 dólares cada uno y así nació la Boston Fruit Company. Preston extendió sus tentáculos por las tiendas y mercados, donde su fruta tenía estante propio. Él comprendió que la relación con la mafia de los trabajadores portuarios era vital para una fruta que debía llegar a la mesa del consumidor tres semanas después de ser cortada en el trópico.

Para la misma época,  Minor Cooper Keith, " El Rey sin corona" o "El Papa verde" de Miguel Angel Asturias, comenzó a cultivar banano en terrenos aledaños al ferrocarril Costarricense y a exportarlo a Nueva Orleans, obteniendo así el flujo de capital necesario para pagar a sus acreedores; Los negocios con el ferrocarril y el transporte de pasajeros no marchaban bien en Costa Rica; la compañía acumulaba pérdidas por mas de un millón de dólares. Keith experimentó también con otros productos tropicales -como el azúcar- y comprendió rápidamente que la apertura de nuevas tierras y la exportación de productos tropicales serían la clave para pagar la construcción de su imperio ferroviario. 

Para la época, si bien el negocio florecía, la concentración de propiedad de  la tierra bananera en Jamaica resultó ser el talón de Aquiles de la empresa de Baker y Preston; sus operaciones en Dominicana nunca fueron productivas y en Cuba, estaban a merced de los cambios de temperatura;  además del riesgo latente de los huracanes que podian acabar con toda la cosecha en un instante.

Génesis de la U.F.C.

Cuando Keith presionado por la urgencia del dinero acudió a la Boston Fruit Co. hizo realidad los sueños de los socios; Preston vio la oortunidad no solamente de resolver el problema de la oferta disponible, sino tambien, establecer una compañía tan grande que pudiera dominar toda la industria. El 20 de Marzo de 1899 las extensas propiedades de Keith y la Boston se fusionaron para crear la United Fruit Company con un capital autorizado de 20 millones de dólares; Keith recibió US3.964.000 en acciones. 

La United Fruit Company fue la primera multinacional que dominaba el camino de un producto desde el campo al mercado. Por supuesto, el jefe era el banquero. Preston y Baker  conformaron el trio de fundadores  con el implacable talador de montañas Minor Keith, concesionario en la construcción del ferrocarril al Caribe en Costa Rica, Honduras y Guatemala. En pago a su hercúlea tarea, donde murieron muchos miles de negros caribeños, Keith se hizo pagar con tierras selváticas. Llegó a poseer un quince por ciento de la tierra de esos países. Cultivó plátanos, construyó puertos, y se convirtió en amo y señor de un negocio creciente: las frutas de sus fincas y las de la competencia debían viajar en sus trenes, y embarcar en sus puertos. El costo humano, sin embargo, fue muy alto: durante la construcción de las primeras 25 millas, partiendo de Limón, Costa Rica, murieron 5.000 personas. Entre las víctimas estaban un tío y tres hermanos de Keith, quien entró en el negocio bananero debido a que los ingresos producidos por los pasajeros y la carga que transportaba la empresa ferroviaria eran insuficientes para cubrir la fuerte inversión hecha, y por la cual se había endeudado.

En lo que tiene que ver con Colombia y en especial con la región Caribe, para el año de  1886, varias familias importantes de terratenientes colombianos -los Fergusson Noguera, los Mier y los Durán- habían prestado dinero a la recién incorporada Santa Marta Railway Company o adquirido acciones de dicha compañía. En 1894 otro productor de banano, Campo Serrano (gobernador del Magdalena), opuso resistencia a los esfuerzos del gobierno nacional por adquirir el ferrocarril, defendiendo el probable control de Keith sobre la red.

Ni los empresarios, ni los gobiernos regionales o nacionales que emprendieron proyectos de construcciones ferroviarias en el siglo XIX tenían el capital o los contactos internacionales necesarios para desarrollar dichos proyectos y mantener bajo su control las vías más importantes. Los gobiernos latinoamericanos ofrecieron una serie de incentivos -cesión de tierras, libre importación, subsidios- para atraer la inversión extranjera. Hubo, por consiguiente, importantes terratenientes colombianos que prefirieron asociarse (y arriesgar su capital) con inversionistas extranjeros antes que con sociedades de Colombianos. Julián de Mier, quien junto con Robert Joy había vendido la concesión del ferrocarril a los Británicos en 1886, fue nombrado cónsul de los Estados Unidos y de Francia en Santa Marta. 

Otro eslabón en la cadena que dificultaba el establecimiento de los intereses nacionales en la región se creó cuando coincidieron en un mismo individuo la representación diplomática en la región y la representación de los intereses de la compañía: el británico Mansel F. Carr, uno de los primeros gerentes de la Santa Marta Railway Company, llegó a la región en 1882 y contrajo matrimonio con la hermana de Roberto Joy; en 1908 fue nombrado vicecónsul de la Gran Bretaña en Santa Marta, siendo, además, gerente de la United Fruit. Después de Carr, ocupó el cargo de vicecónsul Británico Phillip Marshall, quien era en ese entonces gerente de la Santa Marta Railway Company; le siguió en el cargo, en 1927 Thomas Bradshaw, gerente de la United Fruit en Santa Marta. Por tanto, le fue de gran utilidad a Keith y posteriormente a la United Fruit contar con el apoyo de algunos de los más importantes terratenientes colombianos, así como tener las funciones diplomáticas en manos de los gerentes de la compañía en Santa Marta. Dos de los ejecutivos de la UFC, el cónsul Británico Mansel F. Carr y el norteamericano William A. Trout, tenían el monopolio de la fabricación de hielo. Trout llegó a Colombia en 1889 como gerente de The West India Colombian Electric Co., y en 1900 fue nombrado agente consular de Estados Unidos en Santa Marta, cargo que ocupó durante dos décadas.

La exportación del producto se incrementó en un 500% entre 1892 y 1905, aun en medio de las guerras civiles que afectaron periódicamente la región entre 1895 y 1903. Para 1894 la inversión extranjera había superado a la del capital colombiano. En retrospectiva, todo parece indicar que los extranjeros controlaban ya el sector agrario colombiano. Es importante anotar, que los colombianos cooperaron activamente con los intereses extranjeros y no presentaron un frente unido contra la penetración foránea

La United Fruit Company en Colombia 


A comienzos de siglo XX, los Colombianos se vieron enfrentados a una empresa mucho mas formidable que la de Keith: la UFC. Esta empresa tenía acceso a un rango de posibilidades mas amplio que otras compañías bananeras; cuando la UFC publicó su primer  informe anual en 1900 pagando un precio de 2,50 dolares por acción, la compañía era dueña o había arrendado 250.00 acres en Colombia, Costa Rica, Cuba, Rep. Dominicana, Honduras y Nicaragua; empleaba 15.000 trabajadores fuera de EU, poseía 11 barcos a vapor, operaba otras 30 embarcaciones bajo contrato y era propietaria de 117 millas de red ferrea y de 300 vagones y plataformas de carga y 17 locomotoras. Colombia enfrentaba a una compañía tan grande que si el país se atrevia a hacer frente a este gigante, se arriesgaba a que la UFC cerrara la operación en Colombia y bloqueara la entrada de la fruta a EU y GB. No existía una legislación internacional antimonopolio que pudiera detener el proceso. La UFC no necesitaba el banano Colombiano ya que en ese momento era dueña de extensas tierras bananeras en otras partes de Latinoamérica, asi como de vastas áreas de reserva que podía poner a producir a discreción.

En la América tropical, los enclaves bananeros –provincias enteras donde el ‘Pulpo’ era patrón, estado, ley, proveedor de vivienda, de salud, de educación y de bienes e introductor de la cultura del consumo– inventaron la clase obrera. Contra su poder se crearon los primeros sindicatos, surgieron los primeros partidos comunistas, se alzaron las voces de los intelectuales criollos, que inventaron la novela bananera. Pero, curiosamente, la primera novela bananera, por mucho tiempo olvidada, fue gringa. Las actividades de la United Fruit se desarrollaron en Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua y Panamá: las "Bananas´Republics"

No se conoce con exactitud el momento en que Keith adquirió propiedades en Colombia, pero al parecer la compra se hizo a través de la Colombia Land Company, empresa que para 1875 era propietaria de 12.500 acres en los alrededores de Río Frío, zona de importante producción bananera en 1894. Cuando visitó Inglaterra, en 1883, para renegociar la deuda costarricense, Keith ya había adquirido la Colombia Land Company y emitió acciones de esta empresa constituida en Gran Bretaña; no se sabe con claridad cuánto control (y cuándo) adquirió Keith sobre la Santa Marta Railway Company.

Posiblemente compró una cantidad suficiente de acciones, copiando la exitosa operación Costarricense después de la transferencia de la concesión Mier-Joy a la compañía londinense en 1886. De todas formas, Keith llegó a Santa Marta en 1890 como máxima autoridad de la Colombia Land Company, y en ese mismo año la transferencia de la concesión Mier-Joy de 1886 fue registrada ante un notario en Santa Marta bajo el nombre de Santa Marta Railway Company.

Cuando la United Fruit obtuvo el control del ferrocarril de Santa Marta, en 1899, aprovechó al máximo las posibilidades de las cláusulas de la concesión, importando grandes cantidades de artículos libres de impuestos, muchos de ellos ajenos a la construcción ferroviaria, para sus comisariatos, que los vendían obteniendo ganancias. No se conoce con exactitud la cantidad de tierras bananeras adquiridas por la United Fruit mediante la concesión inicial.

Sabor cosmopolita de la United

La United Fruit hizo  aportes positivos en estas naciones: las selvas despobladas fueron transformadas en centros productivos, numerosas enfermedades fueron erradicadas gracias a la construcción de acueductos y alcantarillados y a la atención prestada en hospitales construidos por la compañía. También se construyeron redes ferroviarias, puertos y escuelas. La United Fruit Company trajo la modernidad a la zona bananera, sobre todo, las primeras calles de Aracataca, trazadas por el ingeniero cienaguero, Francisco Durán; el servicio telegráfico, telefónico, de la energía eléctrica y de la fábrica de hielo de Santa Marta. Además, crearon la Santa Marta Wharf Company Ltda,  a través de la cual incursionaron en la navegación a vapor por los caños de la Ciénaga Grande, entre Puebloviejo y Barranquilla. A partir de 1901, esta empresa quedó exenta del pago del derecho fluvial. De todas formas, esta compañía no ejercía el monopolio de la navegación por los caños de la Ciénaga Grande, ya que en 1912 había 28 embarcaciones de diferentes empresas y en 1914 llegaban a 123.

La United había construido también la casi totalidad de los 148.000 metros de canales de irrigación que se extendían por gran parte de la nueva zona bananera. En efecto, un estudio de aguas de la vertiente occidental de la Sierra Nevada elaborado por el Ministerio de Fomento, con base en seis ríos estimó que estos producían en su conjunto unos 30 mil litros por segundo (l/s) y se distribuían en 16 canales de irrigación, la mayoría de los cuales beneficiaba a los cultivos de la compañía norteamericana.

 El monopolio del banano y del ferrocarril eran una realidad, pero el poder de la compañía no paraba ahí: en 1911 inauguró su servicio de telégrafo inalámbrico, que fue el primero en Colombia, en 1912 tomó la administración del Matadero Municipal de Santa Marta, y también concentró la fabricación de cemento a través de las subsidiarias Padget & West y Talford & Padget.

La colonización bananera avanzaba de norte a sur de la mano de la United Fruit Company, y las carrileras del ferrocarril seguían su curso, hasta llegar a la población de Fundación. En esta empresa colonizadora tomaron parte técnicos y gerentes extranjeros, terratenientes y políticos colombianos, quienes apoyados o no por la compañía norteamericana transformaron parte del bosque tropical y derribaron antiguos sembrados de cacao.

Para 1928 empresarios nacionales y extranjeros tenían cultivadas más de 31 mil hectáreas de banano, distribuidas en unas 380 haciendas. En tres décadas (1895-1928), estos terrenos fueron convertidos en el más productivo campo de actividad agrícola de Colombia, compitiendo con la legendaria colonización cafetera del Quindío, que se desarrolló por la iniciativa de agricultores y empresarios antioqueños en las últimas décadas del siglo XIX.

Junto a la producción y exportaciones de banano crecía la población de Ciénaga y toda la zona bananera. En 1913 Ciénaga tenía 15.000 habitantes, frente a 8.000 de Santa Marta, la capital departamental. En 1918 la primera ciudad contaba con 24.700 habitantes, mientras Santa Marta apenas llegaba a 18.000.

Las actividades de la United Fruit Company generaron millones de dólares en impuestos y salarios en los países anfitriones, no obstante, existía también una cara oscura de la presencia de la United Fruit. La compañía estranguló a la competencia, derrocó gobiernos, sobornó presidentes, bloqueó rutas ferroviarias, arruinó cultivadores, hizo quebrar cooperativas, se opuso al sindicalismo, dominó a los trabajadores y sacó provecho de los consumidores.









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