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martes, 14 de septiembre de 2010

EL CONDOR

Cuando comenzaba mi adolescencia, visitaba con mucha frecuencia a mis primos Katia, , Marinel, José, Alfonso, Roberto y  Oswaldo , hijos de mi tio Alfonso a quien apodaban cariñosa y respetuosamente "El Condor" debía caminar un largo trecho desde mi casa para llegar allí, los fines de semana con frecuencia me quedaba a dormir en su casa, bailabamos cantabamos y nos divertíamos en compañia de amigos y amigas del vecindario.

Era un hombre muy intuitivo,  de mediana estatura, tez clara, ojos de un color indescifrable y una mirada profunda; su torso era prominente y sus brazos fuertes; se mantuvo en forma, conservó una sana cabellera y evito que la obesidad lo abordara no obstante su buen apetito y el gusto por una buena comida; necesitaba camisas de talla máxima para poder acomodar su espalda que parecía no tener fin.

Bavaria era entonces un lugar poco poblado, con grandes extensiones de terreno sin construir alrederor de la fabrica del mismo nombre, en donde trabajaba. El condor, parecía disfrutar de sus jornadas nocturnas; no pocas veces salía al fenecer de la tarde  haciendo sonar la sirena justo al final del día. Siempre vigilante para regresar al día siguiente y disfrutar de un merecido descanso.

Fue muy unido a mi padre, quien le asitió en la construcción de una casa grande, sin lujos pero cómoda, había una enorme terraza amparada del ardiente sol por una alameda de tréboles que El había sembrado veinte años atrás; tenia además un largo pasillo por el cual se accedía a seis habitaciones bien ventiladas e iluminadas; siempre había allí un lugar para mi en cualquier momento del día; no tenía ningún tipo de restricción, entraba a la cocina, disponía de la despensa, era uno mas de la familia. Encontré aquí los amigos que necesitaba. Mi Tio Alfonso no tenía ningún reparo para conmigo; a cualquier hora de la madrugada se levantaba a abrirme la puerta y me daba la bienvenida.

El condor era un hombre muy orgulloso, le gustaba escuchar historias en las que un miembro de la familia fuera el héroe, anhelaba el triunfo de todos, en especial de sus hijos, trabajaba duro, cumplía con sus obligaciones y se divertía una que otra vez, pero cuando tomaba la decisión lo hacía  en serio, podía durar dos o tres días sin descansar; pocos podían  soportar su ritmo; era dueño de una forma muy particular de reírse, con sonoras carcajadas que acompañaba con un ligero movimiento del torso hacia atrás;  se enfermaba raras veces, tenía pocos amigos pero le gustaba relatar historias de marineros que surcaban océanos rebeldes y guerreros indómitos incapaces de doblegar. Nos identificábamos en el gusto musical; tener una  buena dotación de  sonido hacía parte de su sello personal.

Cuando terminé el bachillerato, se emocionó mucho, me regaló la musica (por supuesto, se necesitaba potencia y calidad) y dispuso de un vehículo Willy descapotado con una barra "antivuelco" prominente para recoger un cerdo que tambíen había donado otro tio (Julio); cuando se graduó mi hermana Bertha, también estuvo presto a colaborar. Justo antes de ingresar a su casa había una réplica de una famosa pintura del maestro Alejandro Obregón.

En septiembre del 2008 partió para nunca regresar, tenía 74 años; Mi hermana y Yo, lo aistimos en su enfermedad, colaborando en la gestion de la atención médica, pero había muy poco que hacer; lo vimos partir tranquilamente, desde su lecho de enfermo, rodeado de sus seres queridos.

Lo recuerdo con mucho cariño, su casa fue un  refugio agradable que me brindó seguridad en una etapa crucial de mi vida.

viernes, 10 de septiembre de 2010

LA CASCADA

Cuando eramos niños en edad escolar, pasabamos las vacaciones de final de año en la Finca de mi abuelo llamada La Cascada; estaba ubicada en las estribaciones de la sierra nevada de Santa Marta, Entre los Municipios de Aracataca y Fundación a 100 kms al sur de santa Marta.

Las vacaciones comenzaban con un viaje en una camioneta Willys con estacas, modelo 1954, de color rojo, saliamos a las 5 a.m pero el tio Julio hacía múltiples paradas para llevar provisiones, hacer negocios y visitar a los amigos.
Debíamos protegernos del inclemente sol con toallas y sábanas. La llagada se daba entre las 3 y las 4 de la tarde, eso si el camino estaba en buenas condiciones y la loma "amarilla" de buen humor.

El terreno era muy quebrado, con muchas piedras en el camino, la loma "amarilla" era la mas temida de todas, su inclinacion superaba los 10 grados, era de piedra lisa y sobre ella había que hacer un giro de casi 90 grados. Teníamos que bajarnos y no pocas veces los adultos debían adicionar su tracción bípeda para completar el necesario 4X4 y asi superarla.

El epicentro estaba en lo alto de una colina, había una casa con tres cuartos, una sala comedor, una cocina amplia con una gran despensa, el baño estaba a 10 metros de la casa. En el comedor había una nevera que funcionaba con gas propano; en frente había un enorme granero, en donde estaba una maquina trilladora, con coreas y poleas gigantes, dos terrazas para asolear el grano del café, el chasis de una Dodge Power Wagon modelo 50 y en la parte posterior una planta que generaba electricidad; Luego estaba el corral, después un depósito, la casa de los trabajadores, un corral para aves y una porqueriza.

En el centro había un enorme quiosco de palma sitio en el cual se desarrollaba la parte social del grupo, se colgaban hamacas, se contaban historias y leyendas clasicas como la del tigre que rondaba el lugar,el fantasma del camino, la llorona, chistes, se escuchaba musica en radios grandes que funcionaban con seis u ocho baterias "Everready" las del gato. A 200 metros estaba una casa moderna construida por el estado en donde funcionaba una oficina del INDERENA. Hace 50 años el abuelo Julio se preocupaba mucho por el cuidado los árboles y los animales.

El día nos saludaba muy temprano con el canto de los gallos y el bramar de los terneros, la sempiterna ordeñada, el pastoreo del ganado, la asistencia veterinaria, el arreglo de las monturas, la preparación de los alimentos, la visita a la huerta, la recogida de los huevos, el conteo de los pollitos.

Nos divertíamos de lo lindo, a cierta distancia estaba el Rio Aracataca, hermoso, con sus aguas frias y transparentes nos bañabamos allí, previa organización de un emocionante paseo, o en la quebrada, la cual estaba mas cerca y en temporada de lluvias recibía el agua de una cascada de mediana altura, motivo del nombre del lugar; La alimentación era inmejorable: carne, pescados, leche, queso, mantequilla del lugar, frutas, tubérculos, hortalizas, verduras, condimentos de la huerta y con no poca frecuencia carnes exóticas: conejo, guartinaja, zaino, iguana, venado, carnero, gallinas salvajes, y otras que no recuerdo, toda una despensa a nuestro alcance.

Montabamos a caballo, ibamos de pesca o de caza, contemplabamos aves de todos los tamaños y colores, arboles gigantescos, visitabamos a los pocos vecinos que se encontraban a varios kms de distancia, participábamos de la busqueda del ganado extraviado, en fin, el sitio deseado.

Era muy triste el final de la temporada de descanso, abandonábamos la finca esperando regresar en las próximas vacaciones.



















sábado, 4 de septiembre de 2010

LA SOLEDAD Y YO EN CONTUBERNIO

Cuando era apenas un niño, mi madre tomò una crucial determinacion: "Lo mejor apara ti es que permanezcas en casa" me dijo o lo pensò no estoy seguro, tal vez llevada por su instinto, aplicò la teorìa del mal menor, y se lo agradezco.
Viviamos en una zona muy pobre, en donde con algunas excepciones, los niños no conocìan la niñez, tenìan que sobrevivir a como diera lugar y entonces eran adultos con cuerpos de niños, llenos de malicia y poco interesados en la buena educación idea a la cual habían renunciado junto a su cordón umbilical.
Entonces ante tan oscuro panorama en las afueras, me fui acostumbrando a estar solo, jugaba solo, imaginaba que estaba con un grupo de amigos y a cada uno le daba un nombre y un turno, y disfrutaba, la pasaba bien.

En la adolescencia, cuando la dictadura hormonal asume de facto el poder, me fui asomando al vecindario y comprobé lo fundado que estaban los temores maternos: mis dos mejores (y ùnicos) amigos se encontraron con la muerte temprana y abruptamente cuando apenas se despedían de la niñez, intentando escamotear migajas al destino, desafiando oscuros poderes y transitando en contra de las leyes; siete miembros de una familia de ocho, que vivian  cerca, aistieron al mismo encuentro antes de cumplir los 20 años, la última de los hermanos le hizo el quite a la muerte, cuando abandonó su casa al lado de un hombre mayor que se convirtió en su protector.

Desde entonces ella y Yo, no recordamos episodios de larga ausencia, la lealtad florece entre nosotros y nos extrañamos, creo, mutuamente. No dejo de dedicarle un tiempo razonable cada semana e incluso en mis momentos de euforia y de alegrìa, de grandes logros y triunfos, de grandes esperanzas y promesas, me retiro a su lado y juntos buscamos un lugar propicio para celebrar. Pero el ser su amigo implica  poseer  ciertas características de las cuales quizas la mas determinante es la timidez; la extroversión por ejemplo es una condición antagónica. Decía Neruda en una de sus cartas " La timidez es una condición  extraña del alma, una categoría, una dimensión que se abre hacia la soledad; también es un sufrimiento inseparable, como si se truvieran dos epidermis y la segunda piel interior se irrita y se contrae ante la vida"

Octavio paz  se refiere a ella como "una orfandad oscura, una conciencia de que hemos sido arrancados del todo; una ardiente búsqueda, una fuga y un regreso, una necesidad de restablecer los lazos que nos unían a la creación"
 "sentirse solo no es sentirse inferior, es sentirse distinto"






DE REGRESO A LA LISA

Hace mucho tiempo que no subia a La Lisa, desde el 17 de Mayo del año anterior, cuando enfermè seriamente, no trepaba sus cuestas; Hoy lo hice, el dia estaba esplèndido, soleado y despejado, la temperatura era agradable y soplaba una suave brisa que estaba a mi favor y me ayudaba en la remontada. El camino estaba en mal estado, pero no tal mal como esperaba, se podìa transitar aunque con mucho cuidado.


Comenzando el ascenso me alcanzò "El Pechichòn" con su acostumbrada clientela que parece mas una familia. El agua estaba por todas partes, habìa pequeños arroyos fruto de la emesis de la tierra y de la insuficiencia de las raices del bosque para almacenar mas liquido. Con mucho cuidado fui ascendiendo, lentamente, habìa reservado todo el dìa para disfrutar del paseo, descansaba y en las cuestas mas empinadas caminaba; no estaba en forma para ascender como lo hacìa anteriormente, estaba solo, disfrutaba de la soledad y escuchaba sus consejos.


Ya en La Lisa, encontrè el rio mas claro de lo que esperaba, con mayor caudal y un verde un poco mas intenso, el flujo era mucho mayor y habìa tantas burbujas en el agua que estoy seguro que la fòrmula natural del agua estaba quìmicamente invertida; Disfrutè del baño y me recostè durante un momento; entonces pude ver grandes troncos en lo alto de las rocas y las huellas del agua en las pétreas paredes que lo demarcan, recordatorio atemorizante de lo feroz que puede ser la naturaleza.


Cuando regresaba, sin saber cuanto tiempo permanecì allì, se me acercò un niño de siete años y me saludò, me dio la mano derecha y comenzamos a hablar, me contò de sus escuela, de sus maestros, de su padre que se ganaba la vida aserrando arboles y vendiendo madera; le gustò mi bicicleta y me dijo que desde hace tiempo su papà le prometiò una que aùn esperaba. Estaba cambiando sus dientes, lucìa vivaz y amigable, se expresaba bien, con claridad, estaba descalzo y su ropa mostraba indicios de rebeldìa contra el jabòn. Le dije: En casa tengo una bicicleta que mi hijo mayor no utiliza, te la voy a traer. Sus ojos se iluminaron, asumo que su frecuencia cardìaca cambiò, ya no se expresaba tan claramente, las ùltimas palabras, atropellaban a las primeras sin dar ningùn tipo de excusa ni explicaciòn. Hizo enfasis en como llegar a su casa detallando la vìa principal y una vìa alterna, por si acaso; Describió las caracterìsticas de su vivienda, los nombres de sus vecinos y no menos importante, me dijo que preguntara por Kevin Andrès Nieto.


Mañana tengo pensado llevarle la bicicleta, luego les cuento como me fuè.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

LAS LLUVIAS CONTINUAN

Hace algunas semanas escribí afirmando que no tenía memoria de lluvias frecuentes en la ciudad de Santa Marta durante 2 meses seguidos; bueno, pasaron tres meses y las lluvias continúan; una ciudad con un clima semidesertico, que tiene una temporada de lluvias al año en el mes de Octubre y otras cuantas en Mayo, vive un inverno crudo e implacable.

Octubre, en esa época se puede casi que sentir en "El coronel no tiene quien le escriba" de García Marquez,  la humedad en los huesos, el dolor, la desesperanza del Coronel, su tristeza, el hambre, la miseria, la tragedia; es una obra sencilla, corta y tal vez por ello muy buena.

Y como la miseria y la tragedia son una constante en estas tierras, las consecuencias de las lluvias son dramáticas para muchas familias que pierden lo poco que tienen.

Nunca he tenido dudas de que el huevo fue primero, el proceso evoluivo lo explica facilmente. Pero lo que si no tengo claro es si los pueblos son pobres porque son desordenados o son desordenados porque son pobres?.
Me llama poderosamente la atención (asi hablaba el Profesor Mejía, un Guajiro que dictaba la cátedra de sociales en el colegio San Luis Beltrán y que lucía una aguda península capilar en su frente, manejaba un Willis color amarillo pollito, el cual mantenía en inmejorables condiciones y nos advertía de la posibilidad de que al abandonar el pupitre, el compañero se llevara o enamorara a nuestra secretaria) el caos que reina en ciudades como la nuestra, que, a pesar de eso, es regulado por normas muy estrictas.

Pero volviendo a las lluvias, no hay forma de prevenir estas calamidades, la gente construye en las riberas su precarias viviendas en una entropía hegemónica, el rio se llena de sedimentos, las aguas se desbordan, las calles se rebosan, lo cual impide que cuando se conduce se puedan ver los huecos que tiene el pavimento, producto en no pocos casos de los trabajos de la empresa de acueducto, que rompe lo que se construyó hace mas de 30 años y lo repara con algo mas que arena.
En estos momentos no pienso en la poesía de García-Lorca sobre la lluvia, trato de no entrar en contacto con la pestilencia que inunda la ciudad, producto del maridaje entre las aguas negras y las lluvias que a cualquier individuo de otras latitudes enfermaria seriamente.

Pero sigue siendo muy lindo el verde intenso de las montañas y la temperatura un poco mas baja de lo habitual. ¿ Seguirá lloviendo?

jueves, 26 de agosto de 2010

MAMINAL Parte 1


Empezaba el año 1998, estaba expectante, había comenzado a ejercer mi especialización, acababa de abrir mi laboratorio CITOPAT DE LA COSTA y nacía  la esperanza de cambiar la vida de mi familia y la mia propia.

La Tia Mati, me había dado en préstamo el carro de Zuly, su hija, mi prima. que no vivía en la ciudad (la única necesidad que tenía mi tía de comprar carro era prestarmelo). Al finalizar la jornada, estando en el carro, quise colocar un CD y caí en cuenta que lo había dejado en el laboratorio. Subí, abrí la puerta, lo tomé y cuando salí había una joven tocando en el consultorio del frente; ya cerraron, le dije, que se te ofrece? me comentó que era citóloga, que recien había terminado su carrera y que estaba interesada en arrendar un consultorio.

En ese momento, el laboratorio trabajaba a pérdida, los clientes eran pocos, le propuse que compartieramos el consultorio y dividieramos los gastos, era una buena propuesta, para ambos; "tengo que decirle a mi Mamá", contestó. Desconocía que en ese momento, acababa de hablar con Geo, la futura Maminal, mi esposa.


A los pocos días me llamó y me dijo que estaba interesada, el trato era sencillo, dividiamos los gastos y cada quien se ocupaba de su trabajo, aportaba los elementos necesarios y administraba su negocio.


Nos fuimos conociendo, yo le llamaba socia y ella me decia socio; posteriormente me haría saber que en ese momento pensaba que era un hombre intrigante, no convencional, que escuchaba noticias en la radio con mucha frecuencia, hablaba muy poco, tenía 34 años, era soltero, ¿no le gustan las mujeres? es muy anticuado? parece amargado; de hecho sus familiares y amigos me llamaban Olafo, el amargado.


Un día le llamé y la invité a salir, bailamos toda la noche en una discoteca llamada "La Caleta" de propiedad de Roque Fiorentino, un colega; Una pequeña botella de Old Parr, nos acompañó y sobrevivió al encuentro. Salimos durante tres años, mientras trabajabamos duro para hacernos conocer, los clientes fueron llegando, los contratos también y el asunto se hizo mas complejo, todos los vectores en juego, apuntaban hacia el centro para formar una sola unidad, bueno casi todo; habia mucho recelo por parte de mi familia y eso complicó las cosas.

Seguíamos trabajando, las cosas mejoraban había comprado mi primer carro, un Daewoo Lanus, color rojo y tenía algunos ahorritos, vivía con Mamá y al lado, mi hermana que se había separado de sus esposo. Estabamos bien, el laboratorio crecía. En el mes de Agosto del 2000, nos enteramos que Julio venía en camino, con mucho temor, pero con gran expectativa, comenzamos a prepara su venida, nos casamos el 7 de Octubre de ese año, comenzamos a construir la que sería nuestra primera casa, a nuestro gusto, donde pudieramos vivir con comodidad, fuimos comprando los elementos necesarios, a nuestro gusto. Todo estaba preparado.


El día 9 de abril del 2001 llegó Julio Cesar....y comenzamos una nueva vida.

martes, 17 de agosto de 2010

EL TIO NICO

Tenía 13 años cuando el Tio Nico enfermó, no sabía que pasaba, pero presentía que era algo muy malo; lo encontré convulsionando en uno de los cuartos de la casa, en el piso, boca arriba; luego nos contó que había estado con hematuria unos meses atras(orinaba sangre).

Entonces le diagnosticaron Cáncer de vejiga, con metastasis cerebral, un estadío IV con mal pronóstico, incluso hoy con todo el arsenal terapéutico del cual se dispone. Recuerdo haberle visitado en el Hospital General de Barranquilla, en la sala Putnantango donde recibía tratamiento. En ese momento no imaginaba que 10 años después estaría en la misma sala atendiendo a pacientes con los mismos problemas y menos que en mi especialización 20 años después de su muerte, estaría cara a cara, todos los días con la enfermedad que lo alejó de nuestra presencia.

Pero, de alguna manera el Tio Nico si lo sabía, con mucha antelación hizo su pronóstico, aseguró que Yo sería médico y que el me acompañaría en un lujoso carro y apoyaría su brazo en la puerta, para lucir un bello reloj que llevaría en su mano.

Nicolás tenía 5 hijos, pero vivia con nosotros desde hacía algunos años, era un hombre alto, de contextura gruesa, moreno, su cabello negro, brillaba cuando le aplicaba una grasa perfumada, de vivos colores, que vendían envuelta en una película plástica transparente, la cual resaltaba sus ondulaciones. Vestía con elegancia y usaba colonia en cantidades generosas; tenía un extraordinario sentido del humor, no recuerdo haberlo visto enojado o triste alguna vez, toda situación, era para él, una oportunidad para hacer reir a los demás.

Cuando regresó del hospital, volvió con nosotros para pasar los últimos días de su vida, durante los cuales no podía caminar, lo sacabamos todos los días al patio y a la sombra de un árbol de anón, se refrescaba y soportaba estoicamente los embates de quien se sentaba a su lado invitandole a partir. Era entonces un niño que no comprendía del todo su tragedia y en ocasiones mostraba mi molestia cuando tenía que movilizarle en una sencilla cama de metal, con un delgado colchón y unas sábanas delicadas, ideales para las altas temperaturas del trópico. Me arrepiento de eso, pero era entonces un niño.

Su cuerpo se fue despidiendo lentamente, dejando ver su ósea silueta enmarcada en una tez pálida, ocre, que denotaba su mal estado de salud, sufrió fuertes dolores que solo mermaban con opíaceos que entre ruegos, solicitaba cada vez con mayor frecuencia.

Le debo una visita, este último año, lo he visitado menos de lo acostumbrado.